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e-port  |  Cartografía Atlántica, siglos XIV-XVIII

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“Viaja con nosotros III: El Grand Tour” (Historia Moderna)

En 1670, Richard Lassels, mentor de los primeros viajes de formación (Bildungsreise) de los jóvenes aristócratas ingleses por el continente, podía ponderar las ventajas de tal experiencia (Voyage or a Complete Journey through Italy) con una expresión que hoy nos recuerda inevitablemente las carreras ciclistas: “Sólo el que ha hecho el Grand Tour de Francia y el Giro de Italia está en condiciones de comprender a Julio César y a Tito Livio”.

Sin  embargo, este tipo de viajes, que dan comienzo en el siglo XVII y desaparecen en el siglo XIX, adquieren sus características paradigmáticas en el Setecientos, su época de mayor esplendor. El Grand Tour puede definirse como “un viaje iniciático que permite a los jóvenes aristócratas ampliar sus conocimientos políticos y sociales en diversos estados europeos (singularmente Francia) y artísticos y de cultura clásica en Italia”.
El Grand Tour es, por excelencia, un invento inglés, que luego sería copiado por jóvenes acomodados de otros países europeos, incluyendo España. Es un viaje de formación (un Bildungsreise), en que el protagonista viaja con un preceptor y un séquito de servidores durante un periodo medio de dos a tres años, recorriendo fundamentalmente (aunque no exclusivamente) diversas ciudades de Francia (París en primer lugar) e Italia (Florencia, pero sobre todo Roma y Nápoles), aunque también puede derivarse hacia Alemania y Holanda en la Europa del norte y llegar hasta Sicilia, Dalmacia (Split) y Grecia (Atenas) en la Europa del sur.

Para el marqués de Caraccioli, embajador del reino de Nápoles en Francia, París era en el siglo XVIII “le modèle des nations étrangères”. Un siglo antes, el pintor Nicolas Poussin, interrogado sobre las razones de su resistencia a regresar desde Roma a Francia, “se inclinó y recogió del suelo un poco de arena, mostrando a su interlocutor el polvo de pórfido y de serpentina que brillaba en la palma temblorosa de su mano”: ahí estaban Horacio y Tácito, la Antigüedad y su pasada grandeza, el culto nostálgico del paganismo, el retorno al clasicismo como ejemplo de belleza y como norma de vida.

 

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“Travel with us III: The Grand Tour” (Modern History)

 

During 1670, Richard Lassels, mentor of the first training travels of young English noblemen around Europe (Bildungsreise), could ponder the benefits of such experiences (Voyage or a Complete Journey through Italy) with an expression which inevitably remind us of circle races: “Only who has done the Grand Tour of France and the Giro d´ Italia is able to understand Julio César and Tito Livio”.

 

However, this kind of travel, at the beginning of the 17th century and disappeared in the 19th century, acquire their paradigmatic characteristics during the seven hundred, its period of higher splendour. The Grand Tour can be defined as “ an initiation journey that enabled young aristocratic people to extend their social and political knowledge about several European States (France mostly) and artistic and of classical culture of Italy ”.

 

The Grand Tour is, quintessentially, an English invention, which young people in the more affluent social strata of other European countries, including Spain, would copy it. It is a formative journey (a Bildungsreise), wherein the protagonist travels with its preceptor and a retinue of servants for a mid-term period of two or three years. Fundamentally, they travel through several cities of France (first stop Paris) and Italy (Florence but especially Rome and Naples), although it may derive to Germany and Netherlands (north Europe) and reach Sicily, Dalmatia (Split) and Greece (Athens) in Southern Europe.

 

For the Marquis of Caraccioli, ambassador of Kingdom of Naples in France, Paris was in the 18th century “le modèle des nations étrangères”. A century before, the painter Nicolas Poussin, wondering why he didn’t want to return from Rome to France, “was inclined and gathered from the ground some sand, showing his interlocutor the dust of porphyry and serpentine that shined in his trembling hand”: there were Horacio and Tácito, the Antiquity and its past greatness, the nostalgic cult to paganism, the return to classicism as an example of beauty and as a rule of life. 

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